euskadiko langile komisioak | 4 marzo 2024.

Desmontemos discursos antisindicales

  • La administración general y sus organismos autónomos, educación y Osakidetza cuenta con 75.000 personas trabajadoras de las que el 0’54% tiene liberaciones completas.
  • El gasto en liberaciones en Osakidetza suponen exactamente el 0’18% del gasto total de personal.

07/06/2022.
Foto de archivo de movilización de área pública

Foto de archivo de movilización de área pública

El pasado sábado 4 de junio publicaba elDiario.es en su sección de Euskadi un artículo titulado “La Administración vasca tiene 739 liberados totales o parciales para tareas sindicales, 269 en Osakidetza”. En el mismo y basándose en las respuestas del Gobierno Vasco al Parlamento autonómico, lanzaba las cifras de cuántas liberaciones sindicales hay en la Administración vasca e incluso los costes económicos de las mismas. Son cifras que, sin un marco con el que compararlas pueden parecer grandes, pero están lejos de serlo.

La primera cuestión a aclarar es que los acuerdos de la OIT y la propia Constitución reconocen la legitimidad, los derechos y los deberes de las organizaciones sindicales. Para ello, ambas normas, reconocen que las y los representantes sindicales deben tener las “facilidades apropiadas para permitirles el desempeño rápido y eficaz de sus funciones”, una de ellas, el tiempo de dedicación suficiente a las tareas sindicales sin que suponga una pérdida de salario, prestaciones u otras ventajas sociales.

Esta actividad se hace, además, dentro de un marco que desincentiva la afiliación sindical. Los acuerdos y mejoras alcanzados por las organizaciones sindicales en nuestro país, son de aplicación para todas las personas trabajadoras sujetas al ámbito del acuerdo, estén afiliadas a los sindicatos firmantes o no. El resultado de la acción sindical se extiende más allá de la propia afiliación del sindicato. Y para cumplir con esa encomienda, son necesarios recursos.

Dicho esto, cabría preguntarse si 739 liberadas y liberados sindicales son muchísimas, son escasas o son las que deben ser. Primero, pongamos en perspectiva las cifras.

Siguiendo los datos que el Gobierno envió al Parlamento Vasco en febrero del año pasado (no es casualidad que utilicemos también aquí datos enviados al Parlamento, ya que la transparencia del Gobierno Vasco en estas cuestiones brilla por su ausencia), la administración general y sus organismos autónomos, educación y Osakidetza tenían a 74.838 personas en plantilla y 402,49 liberaciones completas. La unidad de medida teórica eran las liberaciones completas pero, por algún motivo, se ha colado un 0’49 de liberación completa en Educación. Es decir, del total de la plantilla de esos tres sectores, de esas casi 75.000 personas, el 0’54% son liberaciones completas (que ya se dice que son las únicas que se sustituyen por norma general, no así las parciales). Podríamos afinar más la cifra: en la Administración General hay una liberación completa por cada 173 trabajadoras, en Educación una por cada 269 y en Osakidetza por cada 157.

Sigamos enmarcando cifras. Tomemos el caso de Osakidetza, de la que se apunta que es el sector de la administración vasca con más plantilla y, por ende, la de mayor número de recursos sindicales. Recordemos que el Gobierno Vasco cifraba el “gasto” en liberaciones sindicales en Osakidetza en 3’9 millones de euros. Bien, según datos del Ministerio de Sanidad, en el año 2021 el importe del gasto de personal total de Osakidetza era 2.217.129.000 euros (dos mil millones para abreviar). Esos 3’9 millones de de euros de las liberaciones suponen exactamente el 0’18% del gasto total de personal. Desde este punto de vista, esos 3’9 millones ya no parecen tanto ¿verdad? 

Existen otros intangibles que creemos que también apuntan a que el gasto en liberaciones es menor del que debería: Ahora que entramos en periodo OPEs de estabilización (eso merecería otro artículo aparte) buena parte del tiempo de las delegadas y delegados sindicales se dedicará a asesorar y a ayudar a miles de personas que pueden trabajar en el sector privado o en el público) en la inscripción, preparación o resolución de dudas de las OPEs. Esa tarea que recae en las organizaciones, la haremos con esas liberadas y liberados de las que hablamos, en lugar de que las administraciones públicas dediquen sus recursos propios a resolverlas. Este traspaso de responsabilidades de las Administraciones a los sindicatos, esta especie de subcontratación de esa tarea, también les supone ahorro a las Administraciones. Y podemos referirnos a estas OPEs, a las bolsas de contratación temporal… la tarea no acaba nunca.

Entonces, ¿son muchas o son pocas? El grueso de estas liberaciones salen de los resultados de las elecciones sindicales y de un acuerdo entre los sindicatos y Función Pública del año 1988 (y que no se ha actualizado en lo sustancial en más de 30 años). Con las delegadas y delegados obtenidos en las elecciones, se suman sus horas de crédito sindical (esas que decíamos que están reconocidas por la OIT o la Constitución) y por cada 1.260 horas anuales acumuladas corresponde una liberación completa. A estas se añaden las horas de las delegadas, y delegados sindicales, también en función de la normativa vigente. 

Una vez puestas en perspectiva las cifras, desde luego, no es una cifra astronómica en ningún caso. Desde nuestro punto de vista, es una cifra más bien escasa para las tareas que se encomiendan a las organizaciones sindicales. Comparando con nuestro entorno, estamos muy por debajo de las cifras que, por ejemplo, Francia dedica a las liberaciones sindicales.

Cada cierto tiempo, se dispara en el entorno mediático y de las redes sociales los discursos antisindicales, en la mayoría de casos, basados en prejuicios, malentendidos o, directamente, en campañas de descrédito. Las organizaciones sindicales son las organizaciones que más personas afiliadas tienen en este país, muchas más que, por ejemplo, los partidos políticos, pero su legitimidad es cuestionada continuamente. El sindicalismo en general, y el sindicalismo de clase en particular como aglutinador de la clase trabajadora y del mundo del trabajo, son objetivo de todas las políticas neoliberales. Las mismas que te engañarán diciendo que podrás conseguirlo todo si te esfuerzas mucho o que tus problemas e intereses los podrás resolver por ti mismo sin tener en cuenta tus condiciones materiales. No le hagamos el caldo gordo a estos discursos.

 

Área pública de CCOO de Euskadi